A primera hora de la mañana fuimos a la playa de Olundeniz, hay que pagar para acceder a ella, ya sea a pie o en coche, es una pequeña peninsula que se adentra en el mar, de modo que hay playa a ambos lados, la que esta orientada al sur es mas bonita, aunque cubre enseguida por lo que para ir con niños es mas comodo el otro lado. Ambas son playas de cantos rodados, creo que son añadidos a posteriori o que van añadiendo para no perder terreno de playa, el caso es que al caminar de unde un montón, es una playa muy explotada, con tumbonas por todas partes, hasta llegar a ras de agua (de hecho no hay mucho terreno y hay mychísimos visitantes), hay chiringuitos, alquiler de barquitas de pedales y todo tipo de actividades acuaticas. En varios foros habíamos leido que esta era la mejor playa de Turquia, la verdad es que el entorno es bonito, pero para nosotros no merece esta valoración, entiendo que hay gustos para todo, pero nosotros preferimos las calas mas tranquilas, aunque con menos servicios.
Por la tarde fuimos a la garganta de Saklikent, una enorme grieta en una montaña por la que baja un río, primero se accede por unas pasarelas y luego se atraviesa un río con el agua helada por donde baja el agua con mucha fuerza, mas adelante, lo que recorre la grieta es un riachelo pequeño que te acompaña todo el camino, Adrià se lo pasó genial, con lo que le gusta pisar los charcos, flipó con que le dejaramos ir pisando el agua todo el rato.
El suelo, entre rocas, es arcilloso y muchos se hacen mascarillas.
Al salir se puede tomar algo en varios bares situados en el orilla del río, en algunos tienen flotadores neumaticos para que te bañes y juegues en el río.
Ya atardeciendo llegamos a Patara donde pasamos la noche en Flower Pension, un lugar encantador, en una zona mas bien rural, donde comimos genial.